Durante un divorcio nos encontramos en una situación en la cual hay que decidir sobre un sinfín de cuestiones que no solo nos afectan a nosotros, sino también a nuestros hijos. Es en ese preciso instante, en el que nos percatamos de que hay demasiados puntos a los que dar soluciones pero no lo logramos por una falta de entendimiento. Acto seguido pensamos que la única solución es iniciar un procedimiento judicial, largo, complejo y estresante, plagado de preocupaciones y gastos económicos, pero sobre todo muy duro a nivel emocional.

Pero ¿realmente es nuestra única alternativa? La respuesta es NO.

En ocasiones, cuando existe conflictividad entre los progenitores pero estas diferencias no son insalvables, la mediación familiar es la mejor alternativa para resolver los conflictos que giran alrededor de una separación y sus consecuencias.

Tipo de guarda y custodia, régimen de visitas, modificación de medidas, pensión alimenticia, vivienda, educación, seguros personales, pagos, vehiculos, entre muchas otras cuestiones.

La mediación va a dar la oportunidad de que todas las partes, progenitores e hijos, puedan exponer sus necesidades, ser escuchados y conocer los puntos de vista de todos los miembros de la familia sobre cómo resolver el conflicto y así llegar a acuerdos satisfactorios.

Nunca hay que confundir la ruptura de pareja con la ruptura familiar. Dejamos de ser pareja, pero nunca de ser padres.