La violencia puede ocurrir en múltiples contextos y uno de ellos es la ESCUELA.

Cuatro son los pilares psicosociales que la van a facilitar:

  1. Invisibilización: «No es para tanto»
  2. Naturalización: «Son cosas de niños»
  3. Insensibilización: «Así aprenden a defenderse»
  4. Encubrimiento: «Eso no pasa en nuestro colegio»

– El objetivo: Seguir manteniéndola y aceptándola.

– La consecuencia: Dificultad para reconocerla y corregirla.

 

El Bullying es una conducta agresiva que se produce entre iguales, tanto en centros educativos como en otros centros en los que los menores pasen una parte importante del tiempo. Se produce bullying cuando un escolar es objeto de acoso, intimidación y agresión por parte de otro escolar o grupo de escolares de forma repetida a lo largo del tiempo, a menos que alguien haga algo para pararlo. La persona víctima de bullying tiene dificultades reales o percibidas para defenderse. El bullying tiene impacto sobre la víctima porque puede afectar a largo plazo su salud física y psicológica; tiene impacto sobre los agresores porque aumenta su probabilidad de cometer actos antisociales; y sobre la escuela y la comunidad porque contribuye a crear un clima negativo de temor e inseguridad. El bullying se produce en todas las escuelas, de forma que es importante que éstas tomen conciencia de ello y desarrollen un programa antibullying que capacite a los docentes, al alumnado, a las familias y al conjunto de las personas que participan de la dinámica del centro, para saber cómo pueden evitar y/o reducir estas conductas, cómo pararlas y cómo ayudar al alumnado a minimizar su impacto (Orte, 2006).

 

Las lesiones y secuelas, daños psicológicos externalizantes e internalizantes, que pueden aparecer en las víctimas de dicha violencia:

Miedo. Ansiedad. Pesadillas. Sensación de inseguridad. Depresión. Baja autoestima y desprecio por sí mismo. Aislamiento y soledad. Bajo rendimiento escolar y, en algunos casos fracaso escolar. Fobia a la escuela. Nulas o pocas relaciones sociales. Sentimientos de inferioridad. Aparición de psicopatologías o trastornos emocionales. Estrés postraumático. Desconfianza en los demás. Ideas de suicidio. Suicidio.

A pesar de ello, existimos profesionales comprometidos que luchamos cada día por erradicar esta lacra que destroza las vidas de niños, adolescentes y familias. La violencia no aparece fortuitamente de la noche a la mañana, es el resultado de la convergencia de varios factores de riesgo, entre ellos los personales, familiares y socioculturales. Por ello, resaltamos la importancia de la prevención e intervención en el contexto educativo, familiar y comunitario.

 

No estás solo, estamos para ayudarte.